Intercambiar es comprar y vender productos y servicios sin recurrir al dinero en metálico.
El trueque fue el primer sistema de pago que utilizaron los fenicios en la historia del comercio y, aunque pueda parecer obsoleto, su eficacia ha ocasionado que milenios después de su invención, esté en plena vigencia y siga siendo un método útil para comprar y vender.
Aunque el origen del trueque moderno se encuentra en los años 80, en las agencias de publicidad estadounidenses que intercambiaban espacios publicitarios, con el tiempo se ha ido extendiendo a otros sectores empresariales: informática, regalos publicitarios, mobiliario, impresión, bienes de consumo, consultoría, ocio, hostelería, formación, vehículos...
Y las empresas más punteras de esos sectores en todo el mundo, ya apuestan por un concepto antiguo pero renovado por las más modernas técnicas de gestión y comunicación.
Para que el intercambio sea realmente operativo en el sistema de mercado actual, surge el intercambio multilateral, en el que no es necesario hacer coincidir los intereses de dos compradores, los importes de los productos intercambiados, ni el tiempo en que se realizan los intercambios.
Es decir, se puede afirmar que se crea una "bolsa de intercambio" donde cada miembro aporta sus bienes y servicios y, a cambio exige a la empresa gestora de esa bolsa de intercambio que cubra sus necesidades.
De ahí que la eficacia de un sistema así, esté basada en la capacidad de la empresa gestora para ir incorporando proveedores de calidad que cubran esas necesidades, y que se convertirán, a su vez, en clientes. De este modo, cuantos más miembros compongan la bolsa, más fácil será encontrar el producto que se busca.
Tal como se define el sistema de intercambio multilateral, la actuación de la empresa gestora se hace imprescindible, ya que es la encargada de ir compensando las cuentas y mantener la armonía, de cubrir las necesidades con los proveedores ya incorporados y de ir incorporando otros nuevos.