Rusia frena el consumo de lujo en Europa

Tradicionalmente, ciudadanos chinos y rusos han ostentado el primer y segundo puesto respectivamente en lo que a consumo de productos de lujo se refiere. El alto poder adquisitivo de muchos de sus habitantes provoca que un 60% de las compras de estos artículos en Europa provengan de estos consumidores, para los que los precios en sus territorios se encarecen hasta un 30%.

Mientras que las cifras chinas se mantienen e incluso aumentan, según el portal loff.it, el consumo desde Rusia viene sufriendo una bajada en  los últimos cuatro años que ha alcanzado su pico más bajo en 2014. La principal causa tiene que ver con la devaluación de su moneda y la severa recesión en la que está inmerso el país presidido por Putin, y que genera una preocupación en las marcas, cuyas ventas dependen en gran medida de este mercado.

Todas las previsiones apuntan a que el 2015 no mejorará las cifras, y que las sanciones de Europa o el conflicto ucraniano afectarán a las compañías que cuentan con una gran cuota de mercado en Rusia. No existen datos sobre cuánto va a afectar a la caída de la demanda de artículos de lujo, pero lo cierto es que muchas marcas buscan reinventarse para que las cifras no caigan en exceso.

Por las características del mercado, muy reducido y con consumidores muy selectos, la demanda del lujo ha tendido a reducirse: la devaluación del rublo supone tener que dedicar más dinero para comprar el mismo producto y una decisión de compra que se alarga.

Ante este ‘frenazo’ de las ventas las marcas necesitan dar salida a productos que iban a ser consumidos por el mercado ruso, sobre todo porque el del lujo es un mercado en continuo cambio, con modelos nuevos año tras año y cuya ‘no-venta’ genera colecciones obsoletas en apenas unos meses. Con la intención de no generar un desajuste económico demasiado acentuado entre sus cifras de producción y de venta, las empresas están recurriendo a la recomercialización de esas colecciones en mercados alternativos, diferentes a los habituales y donde el producto tiene una mejor salida.

Herramientas como el barter ayudan a que esa reventa se haga en los canales óptimos, intentando además comenzar a introducir la marca en mercados en los que hasta ahora no ha estado presente y con un retorno que no se habría producido de no ser por esta técnica.