Liberación de stocks: aprendiendo de la logística inversa

Aunque la crisis económica ha propiciado que las marcas fabricantes reduzcan su producción, la caída del consumo (que afortunadamente está repuntando hacia cifras positivas) sigue generando partidas de producto de difícil salida para las compañías.

Especialmente complicados son aquellos stocks que generan sobrecostes de almacenamiento y destrucción, puesto que pueden llegar a convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para muchas marcas fabricantes. Multitud de ellas se enfrentan cada día a dificultades para darles salida o incluso ‘mal venderlos’. Las causas son diversas, pero en su mayoría tienen que ver con una fecha próxima de caducidad, expectativas de venta no conseguidas, un cambio de packaging, nuevas normativas, etc.

A todo esto se le une la normativa medioambiental vigente, que obliga a los fabricantes a interiorizar el concepto ‘eco-friendly’ y aumentar la protección del medioambiente. Las empresas, sobre todo las grandes, contribuyen de manera importante a la contaminación, alcanzando el 50% en Europa. Es decir, la mitad de los residuos generados en nuestro continente son provocados tanto por multinacionales como PYMEs.

Ante este panorama. ¿Cuál es el escenario que se le plantea a los fabricantes?

Logística inversa

Existe un término  acuñado en el año 2006 por Karen Hawks, VP Supply Chain Practice, llamado Logística Inversa (en inglés Reverse Logistics), que a grandes rasgos viene a referirse al desarrollo de diversas técnicas para recuperar el valor de los materiales o asegurar su correcta eliminación.

En su artículo recogido en la revista Reverse Logistics Magazine, la autora afirma que esta modalidad consiste no solo en usar menos materiales para la fabricación de productos o emplear materiales reciclados para su producción sino que es el resultado de una creciente conciencia medioambiental en los países industrializados.

La logística inversa no está estrechamente relacionada con la optimización o destrucción de los stocks, sino con aquellos residuos que se generan en su fabricación antes de que éstos  se conviertan en excedente. Sin embargo, es bueno centrarse en algunos puntos de esta técnica, sobre todo los que se refieren a la reutilización de los productos para darles valor.

¿Por qué destruir si hay más opciones? Donarlos y revenderlos es lo más óptimo. Y para esta última opción existe la alternativa del barter, que permite recomercializar ese producto en canales diferentes  e identificados a los habituales de venta de la compañía. El valor añadido es que el barter proporciona un doble retorno: además de vender el stock, hay una mejora del circulante, al utilizar el producto como moneda de pago.

En definitiva, se está dando valor una partida de producto cuya utilidad era, posiblemente, un problema para la compañía.

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