Cómo afrontar la nueva normativa sobre el etiquetado de los productos


Hace menos de un mes entraba en vigor la nueva normativa europea sobre información alimentaria facilitada al consumidor, aplicable a todos los productos (envasados o no) de la cadena alimenticia.

Entre otros aspectos, la norma contempla la obligatoriedad de especificar el origen de los aceites y grasas vegetales y una mejora de la legibilidad de las etiquetas, hecho que está provocando algún ‘quebradero de cabeza’ a las marcas fabricantes. Y es que a partir de ahora, los envases deben reflejar información precisa, clara, y fácil de entender por el consumidor, en caracteres que utilicen un tamaño de letra en el que la altura sea igual o superior a 1,2 milímetros.

Debido a esto, la mayoría de empresas europeas ven como el etiquetado de sus productos no cumple con la normativa y no pueden comercializarse. Para afrontarlo existen varias opciones: la primera es volver a etiquetar el producto, con el alto coste que eso supone. La segunda, es destruirlo. Y no solo por la propia destrucción en sí, sino por la inversión en producción perdida y el no respeto al medio ambiente.

Como mejor opción alternativa se encuentra el barter, que permite la recomercialización del producto en mercados distintos a los habituales, en los que estas normativas no se aplican. Con el fabricante marcando en todo momento las pautas y las restricciones para la reventa, su producto se coloca estratégicamente en canales diferentes, pudiendo llegar incluso a nuevo público y aumentando la visibilidad de la marca.

Además de conseguir la liberación de esa partida, la compañía obtiene una campaña de publicidad adicional que el departamento de marketing puede destinar a potenciar para sus productos de mayor rentabilidad.

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